¿A quién se le ocurrió que exista un patrón estético para el 'allá' femenino?
Cada quien puede hacer con lo suyo lo que quiera, pero creo que algunas cosas ameritan una segunda mirada... O mejor, un segundo comentario. Ese es el caso del llamado embellecimiento de la vagina y aledaños.
Aclaro, por si acaso, que no me considero mojigata y que difícilmente los asuntos relacionados con el sexo me escandalizan. Lo que no me cabe en la cabeza es que a alguien se le haya ocurrido que existe un patrón estético para el 'allá' femenino...
Pregunto: ¿Qué se supone que es una 'cuca' bonita? Hasta ahora no he escuchado una definición convincente, lo que sí hay es productos y servicios para blanquear, recortar, moldear, depilar, enderezar y hasta decorar la planta baja. ¡Todo un manual de reformas locativas! Ahora, espero que tengan los planos originales.
Lo curioso es que, de la noche a la mañana, un creciente número de mujeres que ni siquiera pensaban en el tema (es más, conozco algunas que ni siquiera se han mirado por allá), ahora corran, muy preocupadas, a los consultorios para someterse a refacciones.
Las razones -con perdón de los promotores de estas técnicas- son discutibles: quiero verme mejor, no me gusta el color, me falta (o me sobra) volumen, se marca demasiado, está muy torcida o la quiero como la de Sharon Stone, en 'Bajos instintos'.
¡Aterricen, por Dios! Les puedo apostar que nadie anda pendiente de eso, y muchísimo menos los señores. A la hora del polvo a ellos les da igual si esa región es tan alba y nacarada como la piel de Nicole Kidman o frondosa, como la de la icónica María Schneider.
Cuando hay ganas de verdad, a duras penas se dan cuenta de si uno está vestido. Esa estética artificial (quién lo creyera) es alimentada por el cine porno, donde hasta los gemidos están libreteados.
Me detengo aquí para hacer una salvedad: hay casos en los que es necesario hacer ajustes, por cuestiones médicas. Pero eso debe ser producto de un diagnóstico serio y no resultado de test de revistas o de la presión mediática.
De resto, me pongo del lado de lo auténtico y me declaro defensora de los diseños naturales. Lo que vale, y lo que debe interesar, es lograr una sexualidad plena, soportada en el deseo genuino y en un cuerpo funcionando a lo que dé, en lugar de frenarlo con la histeria de lo impuesto.
Sería el colmo que mientras se someten a un blanqueamiento, a las mujeres se les vuelva una odisea ir a la cama o desnudarse delante de su pareja. ¿Qué será de esos polvos, ah? Así no hay quien disfrute, en serio. ¡Al diablo el impuesto retoque perineal! QUE OPINAN.
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